Un Perugorría víctima

 de la Inquisición española

 
 

 

    Todos conocemos la triste fama de esta institución que por siglos torturó y ejecutó a millones de seres humanos por ser judíos, moros, herejes o "brujos", o por pensar o hablar diferente. En España la Inquisición tuvo su máximo apogeo. Acabamos de encontrar en un sitio web dedicado a la historia del valle de Araitz en Navarra lo que ocurrió en 1595 cuando la Inquisición llegó a castigar acusados de brujería. La región se puede ver en el mapa del capítulo Nuestra cuna geográfica, en la esquina izquierda, abajo, del mapa.  Muchos fueron torturados o murieron en la cárcel, y otros fueron desterrados. Entre ellos estaba Joan Martin de Perugorri. No sabemos su edad, ni qué pasó con él. Lo que sí sabemos es que él, unos de los primeros Perugorrías de quienes tenemos noticia, está en compañía de muchos hombres y mujeres que fueron mártires de la intolerancia y el odio. Por primera vez en la historia ofrecemos este reconocimiento a su memoria. En 1973 Pedro Olea filmó la película "Akelarre" basada en la historia de esos juicios de la Inquisición en Araitz. Quienes vieron la película, o quienes la podrían ver aún, recuerden que narra los sufrimientos de muchos, incluido entre ellos DON JOAN MARTIN DE PERUGORRI. Un relato de esa pieza triste de la historia se puede ver haciendo clic en Las Brujas de Araitz

 

 

 

"Akelarre"
Poster de Akelarre
Título original: "Akelarre"
País y año:  España  (1984)
Género: Fantástico   Duración: 90'


Sinopsis:   En la Navarra de finales del siglo XVII, el señor feudal don Fermín, con la ayuda de un inquisidor, desata una sádica cruzada contra la brujería local. En realidad, su objetivo es, valiéndose de tal pretexto, acabar con Unai, un campesino que se opone a su tiranía, y cuya amante, tuvo relaciones con el hijo del cacique.

 

 

LAS  BRUJAS  DE ARAITZ, 1595

Queda todavía, en la memoria colectiva de este valle, gracias a la tradición oral, profunda huella de la brutalidad de la Inquisición con la caza de brujas. Una caza que afectó directamente a esta zona, y es que en el 1595 se llevó a cabo aquí un desorbitado proceso inquisitorio de nefastas consecuencias. Fue una gran persecución contra la brujería, a raíz de la cual, el alcalde perpetuo, Fermin de Lodosa, hizo declarar a una gran cantidad de vecinos de todas las edades y sexo. Todos los acusados fueron trasladados a la cárcel de Iruñea, muriendo muchos de ellos, no por el fuego inquisitorio, como se pueda pensar, si no por las duras condiciones carcelarias, antes incluso, de que les llegara la sentencia. Un hecho triste pero significativo, que, creemos, merece especial atención y extensión. Así dicen las crónicas de la época:

 

Los brujos eran casi legión en el valle de Araiz, allá por el año 1595. El alcalde perpetuo de la tierra, don Fermin de Lodosa y Andueza, de la familia de los palacianos de Arriá, hubo de tomar declaración a unos cuantos acusados de tales en su palacio de Andueza (inexistente hoy día). Las historias más peregrinas fueron escuchadas por él y copiadas por un escribano, para pasar seguidamente a los tribunales competentes. Dicen que si este proceso, que se sustanció en el Consejo Real, hubiese llegado a manos de la Inquisición, como parece más normal, hubisiese resultado tan sensacional como el tristemente famoso de Zugarramurdi. Queda en el aire, si la actitud del señor Andueza no era suficientemente inquisitoria, aunque no perteneciera oficialmente a semejante institución.

 

La primera en comparecer ante Lodosa fue Maria Miguel de Orexa, de 26 años, que fue contestando al cuestionario preparado, pregunta a pregunta. Sus anales brujeriles comienzan a los diez años, cuando su moribunda abuela le llamó para insinuarle "que se había de encargar del oficio de bruja, que ella en su tiempo había hecho". Al negarse a aceptar esta postrera recomenación, la anciana insistió una y otra vez encarecidamente, "porque de otra manera no se podía arrancar la alma, y que, al menos, había de ir esta que declara al campo donde las brujas hacen su junta y que ella tendría compañía para ello".

 

A los pocos días vinieron a buscarle tres vecinas de noche, y después de untarle el cuerpo con un aceite o unguento, lo mismo que a su padre, también de la cofradía, por lo visto, partieron por los aires camino de la cuesta de Urrizola, cerca Inza. Allí les esperaban una quincena de hombres y mujeres de este pueblo, todos conocidos: Catalina de Urruti, Maria de Mingorena, Maria de Txorro, Maria Hernandez, Maria de Perurena, Micheto de Usabarrena, su hijo Joanes, de la casa de Hualde. Desde aquí, volando siempre, "dieron en un llano que declara que no sabe dónde es, ni si podría hallar de día", en el que multitud de personas danzaban en camisa. Estos brujos, los de Araiz, eran, al parecer, más expresivos que los de otras zonas de la montaña, y así, Orexa continuó con muchos detalles. "Y en el medio de dicho campo, en sendas sillas que parecían de oro, dos bultos negros, que el uno parecía ser hombre con dos cuernos en la cabeza a manera de cabrón, y el otro bulto parecía que era mujer, y estos bultos estaban vestidos. Y luego que así llegaron, esta que declara y sus dichos compañeros también principiaron a danzar juntamente con los demás en presencia de los sobredichos bultos, y la música que tenían era de tamborines y rabel, y de los músicos, solo conoció a los dichos Micheto y Usar. Al cabo de un rato que así danzaron, fueron todos los bultos, esta que declara y todas las demás, en el aire, a una cueva que está cerca del llano..." Viene entonces la consabida escena de la adoración a Belcebú y a su compañera, que las crónicas de Florencio Idoate, por ejemplo, omiten por su crudeza. En esa parte, sin embargo, los tentigos debían explicar sin rubor alguno las escenas más lúbricas. Acabada la orgìa, la gente empredía el vuelo nuevamente para llegar a sus casas a la hora de cantar el gallo, "porque entre ellos se suele platicar que si no volviesen antes de cantar los gallos, no tendrían la facultad que de primero, aunque esta que depone no se ha visto en este peligro". Según Orexa, el último akelarre al que asistió fue el de Navidad, pero promete corregirse y no volver a las andadas. De todas formas, medio valle de Araiz quedaba al descubierto, incluidos los abades de Arribe y Errazkin, un escribano, y algún estudiante de cura. Las mayores truculencias cabían en las cabezas de estos aldeanos del siglo XVI, hijos del monte y del prado.

 

Docenas y docenas de testigos y acusados, niños y adultos, desfilan ante el palaciano de Andueza para repetir lo mismo con pocas variantes. De sus testimonios se desprendía, por ejemplo, que estas "hazañas" (así las calificaban entonces) debían concluirse forzosamente antes de la media noche, "porque hasta esa hora tienen poder y no de ahí en adelante". La cueva de Belcebut, o sea, la de Alli (en Larraun), estaba sembrada de huesos de niño, que tan gran poder tenían y hacían de amuletos o cosas por el estilo. "En un grande fuego que hay en el centro de dicha cueva, suele quemar los huesos por los cabos, y depués los pone repartidos en dicha cueva trecho a trecho". Para tener repuesto, por lo visto, una de estas brujas pasó una noche al cementerio, cavó con una azada en la sepultura de la víctima y se llevó las "cañas de las piernas" para pasarlas por el fuego de la cueva.

 

Entre los procesados se encontraban ancianos de 70 años, como Micheto de Usabarrena. Llevando hasta el fin las cosas, el licenciado Caparroso se trasladó en junio a Inza para investigar sobre el terreno, inspeccionando primero la casa de Usabarrena "en busca de los ungüentos y polvos". Al fin, pudo lanzar un ¡eureka¡  al encontrar en un arca una cáscara de huevo con un poco de ungüento negro y otro blanco que no parecía sebo. Ante el descubrimiento, el experto comisario pidió una explicación a la dueña de la casa, que se la dió cumplidísima. A fines de agosto del año anterior, los vecinos habían matado un oso, que se repartieron, comiendo la carne y guardando la grasa, que empleaban para curar alguna descalabradura y en untar sus zapatos para darles lustre.

 

Diez días pasó Caparroso haciendo averiguaciones por aquí y por allá, sobre las supuestas muertes de niños, despeñamientos de ganados, etc... sacando poco en limpio. El  sentido común se iba imponiendo, pasada aquella especie de ola de delirio o locura colectiva, y los testigos respondían en general que los accidentes se debían a causas naturales. No se podían evitar las enfermedades ni que en un país de lobos no hicieran estos de las suyas de vez en cuando. A la vez, los acusados desmentían ante los jueces las declaraciones hechas ante el alcalde de Araiz, haciendo constar en general, que lo habían hecho "por su antojo y no por otro respecto". Alguna mujer, con gran presencia de ánimo y resignación, hizo constar que aunque padezca trabajo su cuerpo, no quiere que padezca su alma".

 

Tan lamentable proceso tomó tales proporciones que los siete pueblos de Araitz tomaron cartas en el negocio, convocándose al efecto a la gente, a una junta en el lugar acostumbrado, en la puerta de la casa Batzarre de Arribe. Allí se trató de que los que tuviesen mácula y nota de brujos fuesen castigados, para que quedase patente la buena fama y honra de los demás. El procurador de los encartados, hasta nueve, según el fiscal, Perez de Landar, representante del buen sentido en medio de tanta locura, se refiere a las contradicciones en que incurrían los testigos, a su infantil credulidad y cosas por el estilo, certificando la buena conducta de los encartados como brujos. El padre Paulo, de la Compañía de Jesús, que les asistía espiritualmente, hablaba de la muerte verdaderamente ejemplar de las pobres mujeres de Araitz. Les había predicado diferentes veces en la cárcel, "exhortándoles a que descargasen sus conciencias en este mundo, y que si eran brujas lo manifestasen". El religioso daba la posible clave de aquellas manifestaciones delirantes delante del alcalde de Araitz: algunas de ellas manifestaron que habían sido coaccionadas por el hijo del alcalde, por el hijo del señor de Andueza, ya que por aquel entonces se trataba del nombramiento del alcalde perpetuo, cargo en el que el hijo aspiraba suceder al padre.

 

Hasta un conflicto de leyes se presentaba en este proceso. Debía decidirse si este proceso incumbía al Consejo Real o a la Inquisición. La cédula real de 1530 ordenaba que la Inquisición decidiese lo tocante a la fe, mientras que el Consejo juzgaría los demás delitos. El problema era muy delicado de todas formas, y hubo dificultades. La sentencia de la Corte, dictada en octubre, fue bastante dura, como puede apreciarse:

 

"Fallamos, atentos los autos y méritos del dicho proceso y lo que de el resulta, que debemos condenar y condenamos a los dichos Joan Martin de Perugorri, Martin de Barazarte y Joanes Zamargiñerena, acusados, a que sean sacados de las cárceles reales, donde están a caballo en sendas bestias de bastos, desnudos de la cintura arriba, con son de trompeta y voz de pregonero que publiquen sus delitos. Y sean llevados por las calles acostumbradas de esta ciudad y les sean dados a los dichos Joan Martin de Barazarte, a docientos azotes y en destierro perpetuo de este reino, y al dicho Joanez de Zamargiñerena, cien azotes y seis años de destierro del reino, y lo salgan a cumplir dentro de seis días..."

 

En caso de incumplimiento se les condenaba a pena de muerte a los dos primeros, y a la de galeras al tercero, perdiendo además la mitad de sus bienes. En cuanto a Gracia de Usabarrena, la única sobreviviente de la catástrofe por lo visto, quedaba absuelta. Demasiado había padecido viendo morir a sus compañeras una tras otra. Esta sentencia de la Corte fue mitigada por el Consejo, que absolvió a Zamargiñarena y redujo la pena de Barazarte a cien azotes y seis años de destierro. Pero a los muertos en las cárceles no les podía devolver la justicia humana.

 

Esta fue la verdadera historia del proceso de Araitz, que luego, en el 1983 el director Pedro Olea llevó al cine. "Akelarre" se titula la película basada en este hecho histórico, y cuyo rodaje, con alguna figura destaca del momento, revolucionó en su día a casi todo el valle de Araitz.


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